
Aquella noche unas trescientas personas se reunieron en el aeropuerto Olaya Herrera para escuchar a tres músicos que habían llegado de Alemania. Sobre el escenario había teclados, cables, una consola y aparatos que para muchos de los asistentes eran todavía un misterio. Conny Plank, Dieter Moebius y Arno Steffen comenzaron a tocar. La ciudad estaba a punto de conocer otra manera de hacer música.
Era el 11 de octubre de 1986. El programa anunciaba el concierto para las siete y media de la noche. Plank trabajaba el sonido desde la consola; Moebius exploraba los sintetizadores y Steffen reunía la voz con sonidos almacenados en un Emulator II. La electrónica se convertía en una materia que podían transformar frente al público. Cada intervención abría espacio para la siguiente.
Los tres traían experiencias distintas y muchos años de búsquedas compartidas. Detrás de Plank estaban grabaciones que habían ayudado a cambiar el sonido del rock europeo. Moebius había abierto caminos con Cluster y Harmonia. Steffen venía del rock de Colonia y encontraba en los nuevos instrumentos una forma de ampliar su lenguaje. Juntos proponían un encuentro entre el pulso del rock, la experimentación y la improvisación.
Según el recuerdo del director de MUROCK, asistieron aproximadamente trescientas personas. El impacto quedó también en la memoria de músicos de la ciudad: años después, Estados Alterados reconocería aquel concierto como una influencia decisiva en el nacimiento de su propuesta. Entre quienes escuchaban estaban Elvis, Ricky y Tato, todavía sin saber que más adelante compartirían una banda.
Esta exposición reúne fotografías, prensa, el programa de mano y recuerdos de aquel encuentro. Sus imágenes guardan una escena pequeña en número de asistentes y enorme en posibilidades. Allí, en un aeropuerto de Medellín, una generación pudo escuchar que el rock tenía otros caminos por recorrer.

Conny Plank: el hombre que tocaba el sonido
1940–1987. Ingeniero de sonido, productor y músico.
El instrumento de Conny Plank podía ocupar una mesa entera. Desde su consola escuchaba, mezclaba y transformaba lo que los músicos estaban haciendo. Tenía la capacidad de encontrar un sonido propio para cada proyecto y de convertir el estudio en parte de la creación. Su trabajo fue fundamental para grupos como Kraftwerk, Neu! y Cluster. Participó en *Autobahn*, uno de los discos que llevaron la música electrónica a un público mucho más amplio, y trabajó también con Brian Eno, Devo, Ultravox y Eurythmics. En su estudio de Wolperath, cerca de Colonia, se encontraron músicos que querían explorar otras formas de grabar y de escuchar. Su huella atraviesa el rock experimental, la nueva ola y el pop electrónico.
Con Dieter Moebius desarrolló además una obra propia. Discos como *Rastakraut Pasta*, *Material* y *En Route* muestran al productor participando en la música como un creador más. En Medellín esa faceta pudo verse de cerca: la consola que habitualmente permanecía en el estudio estaba ahora sobre el escenario. Plank murió el 18 de diciembre de 1987, poco más de un año después de su visita. Su trabajo continuó llegando a nuevos oyentes a través de reediciones, grabaciones recuperadas y el documental *Conny Plank: The Potential of Noise*. La caja *Who’s That Man?*, publicada en 2013, rescató un concierto del trío en México durante la gira de 1986. Es un testimonio de la propuesta que también conoció Medellín.

Dieter Moebius: pequeñas señales, mundos enteros
1944–2015. Músico y compositor nacido en Suiza, figura de la escena experimental alemana.
En la música de Dieter Moebius un sonido pequeño podía cambiarlo todo. Una repetición, un ruido inesperado o una variación apenas perceptible abrían un camino dentro de la pieza. Su manera de trabajar combinaba precisión, curiosidad y gusto por el juego.
En 1969 formó Kluster con Hans-Joachim Roedelius y Conrad Schnitzler. Tras la salida de Schnitzler, Moebius y Roedelius continuaron como Cluster. Más adelante se unieron a Michael Rother, de Neu!, para dar vida a Harmonia. Estos proyectos fueron fundamentales para la música electrónica y ambiental. Brian Eno encontró en ellos interlocutores con quienes compartió grabaciones y búsquedas.
Moebius mantuvo una colaboración estrecha con Conny Plank y abrió también su propio recorrido. *Tonspuren*, de 1983, fue su primer álbum solista. En las décadas siguientes siguió creando y trabajando con otros músicos, entre ellos Asmus Tietchens, Tim Story y Jon Leidecker. Su obra muestra cuánto puede ocurrir dentro de una música que parece avanzar con pocos elementos. Murió el 20 de julio de 2015. Su catálogo sigue circulando y recuperándose. En 2025 Bureau B reeditó *Radium Girls*, el proyecto que había desarrollado con Phew y Erika Kobayashi. Para quienes lo escucharon en Medellín, su historia tiene también un lugar cercano: un escenario en el Olaya Herrera y una noche en que los sintetizadores ampliaron las posibilidades del rock.


Arno Steffen: del rock a los sonidos encontrados
Nacido en 1953. Cantante, músico, compositor y productor de Colonia.
Arno Steffen llegó a la electrónica con el rock en la voz y en las manos. Fue parte de la Zeltinger Band y pasó por Triumvirat antes de desarrollar su obra solista. Con Conny Plank trabajó en *Schlager*, de 1983, y en la canción *Supergut, ne*, que forma parte de su etapa de experimentación con sonidos grabados.
En la gira de 1986 utilizaba un Emulator II. El programa de Medellín lo presentaba como un instrumento capaz de grabar, almacenar y musicalizar sonidos. Con él, Steffen podía llevar al teclado materiales que antes parecían ajenos a una interpretación musical. Su voz y su experiencia en el rock se encontraban con las búsquedas de Moebius y con el trabajo sonoro de Plank.
Su trayectoria continuó por otros caminos. Desde los años noventa participó en L.S.E., junto a Rolf Lammers y Tommy Engel, y compuso música para cine y televisión. También desarrolló una relación activa con la vida cultural y ciudadana de Colonia. En 2012 publicó *Hop Hop*, un álbum que reúne diversas vertientes de la canción. En 2021 recibió el premio honorífico Holger Czukay de la ciudad de Colonia por su trayectoria. Su actividad reciente está documentada en los créditos de *Kölsche Heimat 11*, de 2025, donde figura como coautor y coproductor de *Mer wulle all et selve*. De los tres músicos que se presentaron en el Olaya Herrera, Steffen es quien permanece vivo. Su recorrido permite mirar aquella noche como parte de una historia que siguió creciendo, entre la experimentación, las canciones y el trabajo con otros artistas.

Entre teclados, consolas y cables, el trío llevaba al escenario una forma de creación que muchos asociaban exclusivamente con el estudio. El programa de Medellín anunciaba quince piezas y un intermedio. Al final quedaba abierta una última posibilidad: la libre improvisación.

Un carrete de cinta y un equipo de reproducción forman parte del trabajo sobre el escenario. La imagen permite acercarse a una época en que la exploración electrónica convivía con soportes físicos, teclados y conexiones visibles. Grabar un sonido era apenas el comienzo de todo lo que podía hacerse con él.

En esta propuesta, atender a lo que ocurría con el sonido era parte de la interpretación. Un teclado podía iniciar una figura; otro músico podía modificarla o abrirle un nuevo espacio. La música surgía del encuentro entre las personas, los instrumentos y sus decisiones.

El programa de mano describe la consola móvil de Plank como el centro de su trabajo en el escenario. Desde allí intervenía las señales de los instrumentos. La mezcla participaba en la creación musical y el público podía presenciar ese proceso.

La experiencia de Plank en la grabación, las búsquedas electrónicas de Moebius y el recorrido rockero de Steffen se reunían en una propuesta compartida. El resultado dependía de lo que cada uno aportaba y de cómo respondían los otros dos.

Unas trescientas personas asistieron al concierto, según el recuerdo del director de MUROCK. Entre el público había jóvenes que encontrarían en aquella experiencia nuevas posibilidades para hacer música. Estados Alterados recordaría la presentación como una influencia decisiva en su historia.

Las siluetas de los asistentes forman parte de esta memoria. Detrás de ellas, el escenario guarda un encuentro que permaneció durante décadas en los recuerdos de quienes lo vivieron. Conservar estas fotografías permite que otras generaciones se acerquen a aquella noche.

El programa combina electrónica, voz, muestras grabadas, radio y trompeta. Esa variedad de materiales resume la amplitud de la propuesta. Para los asistentes, cada pieza podía abrir una pregunta distinta sobre lo que cabía dentro de la música rock.

Durante la visita a Medellín, los músicos compartieron con personas vinculadas a la vida cultural de la ciudad. En esta fotografía aparecen, Carlos Acosta, director de MUROCK, Vicky Trujillo, Luz Gloria Posada y Jorge Humberto Sierra, junto a los visitantes. El encuentro continuó más allá del escenario.
Después del concierto, salsa
La noche siguió después de recoger los equipos. Los músicos querían conocer algo más de la vida nocturna de Medellín y escuchar salsa. El hoy director de MUROCK y Vicky Trujillo los acompañaron al Brasilia, el recordado bar de San Juan, diagonal al teatro América.
Los visitantes que habían mostrado otras posibilidades de la electrónica se sentaron ahora a escuchar una música que hacía parte de la vida de la ciudad. Ese encuentro también pertenece a la historia del concierto: la curiosidad de los músicos por conocer el lugar al que habían llegado.


Programa de mano del concierto. Cortesía Juan Fernando Trujillo.

Artículo de prensa que reseña el concierto. Cortesía Juan Fernando Trujillo.


Cubrimiento del concierto en Montevideo (Uruguay), el cual fue previo al de Argentina y Medellín.